jueves, 18 de noviembre de 2010

La vigencia dinámica de los conocimientos ancestrales en la agricultura andina


Desde la inserción del enfoque agroecológico en el sistema agroalimentario se han desplegado múltiples esfuerzos teóricos y prácticos para comprender el rol de los conocimientos ancestrales en la agricultura andina. A través del presente artículo, se evalúa la vigencia de la tecnología tiwanakota de los suka kollus, campos elevados para la producción de alimentos bajo condiciones de elevado riesgo agrícola. Las condiciones actuales de tenencia de la tierra determinaron el fracaso de los esfuerzos para revalorizar y difundir esta tecnología ancestral, a pesar de sus bondades y potencial de mejoramiento de la producción. Tras la ejecución de un proyecto de desarrollo vinculado al estudio y difusión de los suka kollus, se ha concluido que: (a) los suka kollus son una tecnología altamente eficiente, pero que involucra una fuerte inversión de mano de obra, la que no siempre está disponible en las condiciones actuales; los productores han innovado sus sistemas productivos y ahora disponen de alternativas tecnológicas menos exigentes en mano de obra y con resultados casi similares a los suka kollus; (b) los suka kollus son una tecnología productiva a nivel de gestión de microcuencas y en este plano, de lograrse arreglos institucionales y comunitarios adecuados, podrían proyectarse al futuro como una alternativa de desarrollo agrario; (c) los suka kollus responden mejor cuando se emplea semillas mejoradas por métodos convencionales, lo que muestra que bajo ciertas condiciones, se puede lograr una sinergia en el empleo combinado de conocimientos científicos convencionales con conocimientos ancestrales. La importancia de la revalorización de los suka kollus en lo particular, y de los conocimientos ancestrales en general, en la implementación de políticas públicas en el contexto político boliviano actual, radica en su potencial para generar un nuevo modelo de desarrollo para el sistema agroalimentario.
1. Introducción
El paradigma agroecológico tiene dos fuentes de acceso a conocimientos, una de ellas es la ciencia ecológica, cuyas relaciones entre organismos, poblaciones y comunidades y entre los componentes abióticos crean un modelo interesante para analizar las relaciones que tienen lugar en los agroecosistemas y de esa forma sacar provecho de los flujos de energía, los ciclos de nutrientes y la dinámica poblacional, incluyendo las relaciones de competencia y mutualidad entre diferentes organismos (ver por ejemplo, Gliessman 2002). Como resultado de este enfoque, conceptos anteriores como plagas agrícolas o malezas dejan de tener la connotación negativa que se les asignó en la agronomía convencional, para convertirse en muchos casos en aliados del productor o en organismos indicadores de la salud de los agroecosistemas. La otra fuente de inspiración de la agroecología, es la evidencia de gestión local efectiva llevada a cabo por los productores rurales, quienes con frecuencia construyen sistemas productivos altamente sofisticados, caracterizados por contar con arreglos temporales y espaciales complejos, que les permite gestionar el riesgo de manera adecuada y contar con una corriente permanente de alimentos durante el año, para satisfacer sus necesidades familiares y generar excedentes para el mercado. En la región andina, específicamente en los alrededores del lago Titicaca, los conocimientos tradicionales de los productores están enriquecidos por una herencia de conocimientos ancestrales que se han transmitido generación tras generación, probablemente desde tiempos pre-incaicos. Esta riqueza cultural combina la ritualidad y la espiritualidad del pueblo aymara con conocimientos prácticos para la vida, en un contexto geográfíco complicado por sus condiciones climáticas extremas y su elevada altura sobre el nivel del mar, dando como resultado precipitaciones anuales inferiores a los 800 mm y una temperatura promedio anual de 9C. Precisamente las condiciones de aridez de los sitios de producción agrícola, han debido impulsar a que los pobladores antiguos de la zona agucen el ingenio para diseñar sistemas productivos que les permita modificar las condiciones ambientales, a fin de poder producir suficientes alimentos para su población. La tecnología de los suka kollus o campos elevados, seguramente surgió de esa manera. Los suka kollus, son sistemas de campos elevados o camellones con canales adyacentes que se construyen con la finalidad de drenar el agua y proveer un medio de cultivo idóneo en los humedales naturales, permanentes o temporales, que existen en los alrededores del Lago Titicaca (Angelo et al., 2008) Por muchos años, los suka kollus fueron desconocidos para los agrónomos convencionales, pero no para los pobladores locales, que los construían y modificaban permanentemente para adaptarlos a sus condiciones. Por ejemplo, es común encontrar en comunidades situadas en la parte norte del lago Titicaca una tecnología denominada “huisu kollus”, de construcción similar a los suka kollus, pero que opera a escalas menores. El descubrimiento de los suka kollus en las décadas de los 70s y 80s por parte de arqueólogos y agrónomos, y la demostración de que estas estructuras agrícolas tienen un potencial productivo sumamente elevado, con rendimientos que hasta llegan a duplicarse, marcó un auge de estas tecnologías, dando lugar a la implementación de proyectos de cooperación para su difusión (Roldan et al., 2008). Uno de estos proyectos fue el PROSUKO.
2. Objetivo
Se busca aportar a la discusión acerca de la revalorización del conocimiento ancestral y su aplicación en las condiciones actuales, a partir de la evaluación del caso concreto del rescate e incorporación de los suka kollus en los sistemas productivos.
3. Metodología
Este artículo toma en consideración datos de campo y reflexiones cualitativas participativas generadas durante la ejecución del Programa de Suka Kollus – PROSUKO, proyecto financiado por la cooperación suiza y ejecutado por la fundación InterCooperation. Asimismo, se explora analíticamente los aportes de publicaciones sobre conocimientos ancestrales, agroecología y políticas de desarrollo rural, con miras a contribuir en la construcción de una perspectiva un tanto más holística y pragmática respecto de la utilidad y aplicación en el contexto actual de los conocimientos y tecnologías ancestrales andinas.
4. Resultados
Las actividades de recuperación y revalorización de los suka kollus, en calidad de tecnología destinada a la gestión de los recursos hídricos para la producción agrícola, durante los 15 años de duración del PROSUKO, han generado una cantidad sustancial de conocimientos sobre esta tecnología y permiten establecer las siguientes conclusiones:
4.1 La tecnología de los suka kollus ha sido diseñada para poder emplear o habilitar los humedales naturales que se forman en los alrededores del lago Titicaca, en la producción de alimentos. Estos humedales o áreas pantanosas que pueden ser permanentes, pero también temporales porque podrían formarse solamente durante la época de lluvias, impiden la siembra de papa  y otros cultivos debido al exceso de humedad en el suelo, que pudre la semilla antes de que ésta pueda emerger. Por lo tanto, los suka kollus, son un sistema de campos elevados o camellones con canales de drenaje en los costados para drenar el exceso de humedad. Solamente sirven para áreas donde existen humedales naturales, es decir que tienen un área específica de aplicación, que en las condiciones del altiplano norte no supera las 100,000 hectáreas. Los intentos pasados para difundir los suka kollus en sitios áridos o con déficit de humedad fracasaron rotundamente, ya que la condición de un exceso de humedad y la necesidad para drenarla es la primera consideración para evaluar si un terreno será apto o no para la habilitación de suka kollus. Por este motivo, la recuperación de conocimientos y tecnologías ancestrales requiere de un análisis previo de contexto natural para evaluar si las variables ambientales son las idóneas o si la tecnología a recuperar se adecúa a las mismas.
4.2 Los suka kollus operaban en condiciones socioeconómicas diferentes a las que caracterizan al altiplano norte en la actualidad. Los tiwanakotas, cultura milenaria que diseñó los suka kollus, tenían acceso prácticamente irrestricto a los recursos hídricos y a los terrenos en las microcuencas de anegación permanente o temporal, donde pudieron establecer sistemas interconectados de suka kollus. Estos sistemas requerían de una fuerte inversión de mano de obra, la que no escaseaba en la época tiwanakota; además los canales interconectados formaban complejos diseños y patrones entre canales y camellones, según los terrenos y su topografía,  modificando sustancialmente el paisaje. De esta manera se optimizaba probablemente la producción de alimentos en los sistemas de suka kollus así habilitados. En la actualidad la tenencia de la tierra es familiar y como resultado de la Reforma Agraria de hace más de medio siglo, los terrenos familiares se han ido fragmentando a tal punto que hay familias que cuentan con menos de mil metros cuadrados para realizar la siembra de los alimentos del año. En estas condiciones, resulta poco práctico habilitar suka kollus, no solamente por la dificultad de drenar el exceso de humedad, sino porque los productores creen que los canales de drenaje les hacen perder valiosos metros de terreno donde podrían sembrar algo más. Adicionalmente, muchos productores rurales consideran que la inversión de trabajo para la reconstrucción de suka kollus no es compensada adecuadamente con el incremento de los rendimientos agrícolas. La escala de producción minifundiaria es un problema en el altiplano norte de muy difícil solución, aunque se han propuesto políticas de tierras que se orientan a la restauración de la propiedad comunitaria. Si estas políticas públicas fueran viables en el mediano y largo plazo, los suka kollus serían la alternativa ideal para la producción de alimentos en varias microcuencas del altiplano norte, ya que la producción en conjunto sería mucho mayor a la actual, aún con los espacios cedidos a los canales de drenaje, que en conjunto pueden constituir hasta un 25% del espacio habilitado para la producción. Lo que ocurre es que con el minifundio se pierde mucha eficiencia productiva y se desaprovechan economías de escala que, en contraste, son muy bien aprovechadas por los suka kollus. El aprendizaje general que podemos derivar de esta problemática consiste en la necesidad de evaluar el contexto socioeconómico para la difusión y revalorización de tecnologías ancestrales, ya que las ventajas de las mismas pueden ser oscurecidas por las problemáticas actuales que casi siempre tienen que ver con esquemas privados de tenencia de la tierra, muchas veces con una excesiva fragmentación de los terrenos agrícolas, que impiden no solamente la rehabilitación de tecnologías ancestrales, sino también procesos de mecanización, o la escasa disponibilidad de mano de obra de los trabajadores rurales, debido a la migración de los más jóvenes.
4.3 Los rendimientos de los cultivos en suka kollus son siempre más elevados que los cultivos en la pampa (Morales, 2008). Además, el incremento de los rendimientos llega a un máximo cuando se emplea al mismo tiempo suka kollus y semilla mejorada por métodos convencionales, frente a un testigo de siembras en la pampa y empleo de semilla del productor (sin mejoramiento de calidad). Esto tiene dos connotaciones fundamentales: (a) cuando los rendimientos se incrementan por unidad de terreno en el altiplano norte, quiere decir que existe una mayor extracción de nutrientes del suelo y se empieza a afectar los indicadores de la fertilidad de la tierra (Morales y Amurrio, 2001); si vamos a elevar los rendimientos primero hay que pensar en un programa de fertilización más intensivo a fin de mantener el nivel de fertilidad del suelo, lo que en las condiciones del altiplano es complicado, ya sea por los costos elevados de los fertilizantes de síntesis química, o por la escasez de materia orgánica disponible para fines de fertilización. Es muy importante pensar siempre en la sostenibilidad de las tecnologías ancestrales, a fin de evitar daños en el largo plazo, aún cuando se logren resultados interesantes en el corto plazo. Por otro lado, si los rendimientos se incrementan a nivel regional, los precios tienden a disminuir por la sobreoferta y los productores empiezan a perder aún teniendo buenas cosechas. (b) La otra connotación del incremento de los rendimientos consiste en el equilibrio de la producción con relación a los costos de producción. En condiciones de minifundio, el costo de la inversión de trabajo en la construcción de suka kollus es mayor a la corriente de ingresos que genera el incremento de los rendimientos; y esto se debe a que el costo de oportunidad del trabajo es mayor en la época en que se construyen los suka kollus, debido a que el trabajo de los productores es requerido por otros sectores, como el comercio o la construcción. La habilitación de los suka kollus requiere de un fuerte movimiento de tierras para la construcción de camellones y canales. Con frecuencia ocurre que los productores incumplen con las especificaciones técnicas referidas a las dimensiones de las obras, habiendo hallado que muchos productores están dispuestos a renunciar a un porcentaje de rendimientos, construyendo suka kollus con menores dimensiones, siempre y cuando el trabajo invertido en ellos les garantice una pequeña protección contra las heladas, evitando pérdidas mayores de la producción. Los productores encontraron soluciones sub-óptimas desde un punto de vista técnico, que sin embargo resultan ser las soluciones óptimas desde un punto de vista más integral del sistema de producción familiar, es decir cuando se incorpora la variable de la mano de obra realmente disponible. Esto dio lugar a la denominación de suka kollus ligeros o “light” a aquellos que tienen dimensiones menores a las recomendadas técnicamente, pero que aún así alcanzan un umbral aceptable de prevención de daños a los cultivos por efecto de las heladas. Hay que mencionar que la formulación de las especificaciones técnicas y protocolos de construcción de los suka kollus, ha tomado al PROSUKO y otras instituciones alrededor de 10 años de investigaciones de campo y modelaciones físicas de variables meteorológicas y agronómicas.
4.4 Las tecnologías ancestrales, desarrolladas para condiciones específicas y con objetivos puntuales para requerimientos que seguramente hacían sentido en el momento de su diseño, no son tan valiosas como tecnologías en sí, sino ante todo como una fuente de inspiración para un aprendizaje relevante. El PROSUKO aprendió en muchos años de trabajo que no eran los suka kollus lo que importaban, sino los principios científicos que los sustentan. El diseño del enfoque de gestión del riesgo agrícola, que posteriormente ha desencadenado un proceso amplio de investigación e innovación en la región del altiplano norte, precisamente fue inspirado por el análisis de las causas que llevaron a los antiguos tiwanakotas a diseñar los suka kollus. En las condiciones de elevado riesgo meteorológico y climático del altiplano norte, hay que evaluar los requerimientos de los cultivos con relación a las condiciones ambientales. Para este efecto existen varias alternativas tecnológicas, los tiwanakotas optaron por los suka kollus, pero existen otras opciones o caminos a seguir. Si en la antigüedad, el trabajo y la tierra no eran factores limitantes, en las condiciones actuales lo son. Por lo tanto, la alternativa tecnológica de la actualidad podría orientarse de manera un tanto distinta. En realidad, la implementación de un proceso de investigación participativa partiendo de la premisa de satisfacer los requerimientos de los cultivos ante condiciones ambientales que con frecuencia no garantizan los mínimos necesarios para la producción de suficientes alimentos,  dio lugar al diseño de un “paquete tecnológico” diferente, pero altamente valorado por los productores –en parte por ser ellos los autores principales del mismo-; éste consiste en la recuperación de bioindicadores naturales de la flora y fauna para establecer las probabilidades de ocurrencia de fenómenos meteorológicos de riesgo y la manufactura y aplicación oportuna de bio-preparados a partir de procesos de descomposición anaeróbica de insumos de disponibilidad local, como los diferentes estiércoles, levadura de pan, miel, suero de leche y otros. Como resultado del análisis de la información de los bioindicadores se sabe cuando existen mayores probabilidades de ocurrencia de fenómenos meteorológicos de riesgo, por lo tanto, los productores pueden prepararse anticipadamente para enfrentarlos. Los bio-preparados deben ser elaborados también anticipadamente, ya que su proceso de descomposición anaeróbica puede tomar entre uno o dos meses. La aplicación se realiza antes, durante o inmediatamente después de ocurrido un evento meteorológico dañino. Como resultado, este nuevo “paquete tecnológico”, producto de la innovación local reciente, permite llegar a resultados similares a los que garantizan los suka kollus, pero a menor costo, debido a la aplicación de tecnologías vinculadas más a la gestión de conocimientos que al trabajo.  La investigación de los suka kollus por parte del PROSUKO abarcó un conjunto de temáticas científicas que todavía pueden servir como fuente de inspiración para futuras aplicaciones agronómicas. Por ejemplo, la creación de un efecto invernadero en los camellones de los suka kollus, para defender los cultivos de las heladas, gracias al espejo de agua en los canales que los rodean, ha sido investigado con modelos físicos de transferencia de temperatura y humedad (Sanchez de Lozada et al 1998; L’home y  Vacher 2003) Estos modelos pueden abrir una nueva agenda de investigación participativa para mejorar la defensa contra heladas de nuevos cultivos y condiciones ambientales diferentes.
4.5 Los productores ancianos son los portadores de una especie de “biblioteca oral” de conocimientos y prácticas útiles para la vida en las condiciones específicas de cada sitio de producción agrícola. No solamente conocen a fondo los trucos de construcción de los suka kollus, incluyendo aspectos tan sofisticados como la preparación de los camellones con capas de grava y arena al fondo para mejorar el drenaje, alternándolas con capas de tierra y materiales orgánicos en proceso de descomposición, estos últimos destinados a generar un poco de calor adicional en el camellón como resultado de la descomposición, sino también pueden establecer con claridad cuándo y dónde implementar los suka kollus, con qué herramientas tradicionales, cuántos recursos hay que movilizar y cómo establecer el plan de producción y rotación de cultivos para estas estructuras agrícolas. Toda esta información normalmente es transmitida en idioma aymara y no ha sido documentada en el pasado. Durante muchos años, el PROSUKO había ignorado esta fuente de información, concentrado como estaba en conducir investigaciones biofísicas y agronómicas desde un punto de vista convencional. Sin embargo, durante los últimos años, con una apertura de enfoque hacia los productores, los colaboradores del PROSUKO encontraron fuertes indicios de que las investigaciones pudieron fortalecerse incorporando las percepciones y conocimiento de los ancianos en la especificación de las hipótesis de nuevas investigaciones. Con este nuevo enfoque, se ha acelerado la tasa de generación de innovaciones. El aprendizaje consiste en fortalecer la metodología de investigación de conocimientos ancestrales, iniciando siempre el proceso con una investigación exploratoria centrada en identificar a los ancianos portadores de conocimiento relevante y elaborar un listado de las tecnologías que podrían ser más útiles o con potencial de resolver problemas productivos urgentes. En las primeras etapas, el diagnóstico suele ser más cualitativo, pero a medida que se profundiza la investigación, se van añadiendo elementos cuantitativos de manera creativa, es decir no solamente métodos estadísticos relacionados con el diseño experimental, sino también métodos cuantitativos de investigación no experimental, análisis de datos categóricos, incluyendo regresiones logísticas, modelos multivariados, etc. Justamente, el momento principal para transitar de un enfoque cualitativo a uno cuantitativo tiene lugar cuando los mismos productores deciden que ha llegado el momento de empezar a medir la sensibilidad de sus innovaciones y plantean un modelo de medición basado en tres puntos: lo que ocurre en condiciones normales, lo que ocurre por debajo de estas condiciones y lo que ocurre por encima de estas condiciones. La medición de estos tres puntos es un inicio de procesos cuantitativos que hacen mucho sentido para la gente; el rol de los técnicos de acompañamiento radica en proveerles de métodos sencillos de registro y análisis de datos, recurriendo a procedimientos lúdicos. Existe todavía un área de desarrollo metodológico para la “innovación adaptativa”, en la que el PROSUKO apenas ha dado los primeros pasos. Una de las pistas más importantes radica en la adaptación del enfoque bayesiano de la estadística a la investigación participativa, fundamentalmente debido a que en el teorema de Bayes, la especificación de conocimiento a priori es afín al conocimiento tradicional en el sentido que no se puede probar científicamente al inicio, pero cuyos resultados se observan y tienen validez para los productores y por lo tanto, probablemente cuentan con una estructura científica todavía desconocida (Morales y Vicente, 2007). Un ejemplo respecto de este conocimiento tiene que ver con el empleo del aullido del zorro andino como bioindicador. Los ancianos relataron que el tipo de aullido les indicaba sobre las condiciones de la producción; cuando el aullido se quebraba, como si fuese lastimero, les indicaba un buen año agrícola. Además la época del aullido del zorro les indicaba la fecha aproximada de las siembras. Este indicador era considerado por los ancianos como uno de los más precisos y valía la pena estudiarlo con mayor detalle. Después de realizado un diagnóstico observacional, se pudo evidenciar que los zorros machos aúllan con mayor o menor intensidad aparentemente en dependencia con la emisión de feromonas por parte de las hembras. Estas señales químicas promueven el ritual del apareamiento entre estos animales, del que es parte el aullido del zorro macho. Si este aullido es ansioso, es un apremio del animal dominante para proceder con el ritual de apareamiento. La gestación dura aproximadamente dos meses y se espera que la camada nazca cuando exista una buena provisión de alimentos, especialmente ratones, los que a su vez dependen de que exista suficiente material vegetal para alimentarse, es decir que ya haya llovido lo suficiente como para que se haya iniciado el crecimiento de las plantas nativas y la síntesis de biomasa. Por algún mecanismo evolutivo todavía por investigarse, la hembra del zorro es capaz de pronosticar con casi dos meses de anticipación la llegada de la época de lluvias, de manera que emite las feromonas en el momento preciso para que el apareamiento, la gestación y el nacimiento de las crías coincidan con la disponibilidad de alimento. Si la hembra falla en el pronóstico, toda la camada estará en riesgo de morir y eso podría afectar en el largo plazo la supervivencia de la especie. Los ancianos no otorgan esta explicación, en su experiencia de vida la relación entre el aullido del zorro y el calendario agrícola es directa, no importa porqué sino que siempre se cumpla. Probablemente han recibido esta información de sus padres y seguramente este conocimiento se ha ido transmitiendo de manera oral generación tras generación. Sin embargo, en un enfoque bayesiano, este tipo de conocimiento es una fuente importante de información a priori, porque permite diseñar investigaciones más coherentes con la realidad social y cultural de las comunidades del altiplano. Además este tipo de conocimientos con frecuencia muestra una conjunción entre la agricultura y la ecología que los productores no separan; ésto lo hacemos los técnicos con formación universitaria por haber sido educados en la tradición positivista.
4.6 Los productores innovan de manera permanente y tienen una actitud crítica incluso ante el conocimiento ancestral. Esta observación proviene de varios años de trabajo conjunto con los productores y de haber sido testigo de los avances que van logrando en sus procesos productivos. No todos los productores tienen la misma actitud innovadora, así como no todos tienen vocación por la producción agrícola sostenible. Aquellos productores de vocación, que se  denominan a sí mismos yapuchiris (término aymara que significa sembrador de la tierra), construyen una agenda de investigaciones que normalmente no está registrada y puede tener muchas debilidades, al no ser una investigación sistemática el diseño y puesta en marcha de una innovación puede tomar mucho tiempo, pero en con los años logran dar respuestas eficientes a los diferentes desafíos que se les van presentando. Los productores de vocación a menudo son poco visibles en la comunidad porque tienden a pasar mucho tiempo en sus parcelas y menos en las actividades políticas, sociales o comunitarias. Debido a esta actitud han sido largamente ignorados por la comunidad y considerados a veces como los “locos” de la comunidad. Con frecuencia, las innovaciones generadas por estos productores no llegan a difundirse debido más a la actitud poco abierta al cambio de parte de los vecinos del productor, que a restricciones que imponga el productor innovador. Con el paso de los años, las mejores innovaciones son adoptadas gradualmente por los productores y son éstas las que mantienen la vigencia de los sistemas agrícolas. El PROSUKO, motivó a los yapuchiris a organizarse y a generar un servicio de asistencia técnica local en las comunidades. Los yapuchiris no fueron reconocidos rápidamente por los comunarios, pero en menos de dos años lograron posicionarse como ofertantes locales de servicios técnicos válidos y legítimos. El costo de las asesorías de los yapuchiris es barato y es cubierto por los propios productores, lo que le da sostenibilidad en el largo plazo. Gracias a la actitud constructiva y permanentemente cuestionadora de parte de los yapuchiris, se han logrado avances rápidos en la aplicación del enfoque del riesgo agrícola y se ha diseñado -en cooperación con los colaboradores del PROSUKO-, un esquema conceptual de seguro agrario para pequeños productores que incorpora innovaciones institucionales, que no habríamos podido concebir trabajando por separado ni técnicos ni yapuchiris. El trabajo de equipo, con discusiones abiertas y reflexiones agudas, permitió poner en marcha el esquema de seguro agrario y hacerlo funcionar correctamente. En la actualidad éste es un producto boliviano con calidad de exportación que ha sido premiado internacionalmente y está siendo incorporado en los marcos legales del gobierno central. Esta experiencia demuestra la naturaleza dinámica del conocimiento tradicional, que puede tener como fuente de inspiración el conocimiento ancestral o antiguo, pero siempre está adaptándose a las condiciones cambiantes del entorno, aunque con sus propias limitaciones metodológicas. En las condiciones actuales, los cambios del entorno se están haciendo cada vez más pronunciados, debido a: (a) la incursión de mercados competitivos para productos agrícolas, como la quinua, que hasta hace pocos años era un alimento tradicional poco valorado por los consumidores urbanos, (b) la modificación gradual de las condiciones ambientales de la producción, incluyendo los cambios climáticos, o (c) por la dinámica migratoria en las comunidades, que gradualmente van quedándose sin personas jóvenes. Para enfrentar estos cambios, es importante apoyar metodológicamente el empate entre el conocimiento científico convencional con el conocimiento tradicional, de manera que se acelere la tasa de innovaciones.
5. Conclusiones
La recuperación y revalorización de conocimientos ancestrales, siendo una posición cultural deseable, debe conducirse tomando en consideración la complejidad de los cambios a que ha sido sometida la sociedad rural actual. La pregunta que siempre debemos plantearnos antes de iniciar un proceso de revalorización de conocimientos ancestrales es: ¿cuál es la adecuación ambiental, socioeconómica y cultural de la práctica, tecnología o conocimiento que deseamos recuperar? Por ambiental comprendamos el ambiente biofísico y las relaciones entre los diferentes componentes bióticos y abióticos del agroecosistema, incluyendo la ecología de poblaciones, las relaciones de competencia o complementariedad entre especies, los ciclos de nutrientes y del agua, así como los efectos en las cadenas tróficas. La adecuación socioeconómica tiene que ver con las condiciones de producción, la tenencia de la tierra y de los otros medios de producción, la complejidad de la disponibilidad y uso de la mano de obra, la existencia de capital social y el acceso a los insumos requeridos, así como las relaciones de distribución, intercambio y comercialización de los alimentos producidos. Por último, la adecuación cultural hace referencia al nivel de aceptación del conocimiento ancestral, y la manera en que éste se inserta en el sistema de valores y creencias de la comunidad, tomando en cuenta la posición actual de las comunidades, que en muchos casos podrían estar influenciadas por intervenciones externas de tipo más convencional, inclusive de índole confesional o política.
Por lo expuesto, parece que un siguiente paso es la construcción metodológica del proceso de recuperación del conocimiento ancestral, que involucra como primer desafío la conformación de un equipo de trabajo entre los técnicos externos y los productores que practican la innovación por vocación. Para esto, primero hay que identificar a este grupo de productores de vocación y tal vez levantar un inventario de las prácticas e innovaciones actuales, a fin de contar con la posibilidad de promover la difusión de técnicas “llave” –aquellas innovaciones de bajo costo, rápido retorno y elevado impacto en la producción local-. Las técnicas llave permiten romper con la inercia y resistencia al cambio inicial que las comunidades rurales suelen presentar. Lamentablemente, por la evidencia empírica, los suka kollus no son una técnica llave, debido a su elevado costo en trabajo para implementarlos, pero los bioindicadores sí suelen ser una técnica llave porque el proceso de investigarlos y clasificarlos logra entusiasmar a la mayoría de las personas, incluyendo niños, ancianos, mujeres y jóvenes. Además la aplicación de los pronósticos realizados en base a la información de los bioindicadores es inmediata y permite evitar daños a los cultivos, especialmente en zonas de elevado riesgo meteorológico. El proceso participativo del equipo de trabajo debiera recurrir a las metodologías etnográficas reconocidas por su efectividad, por ejemplo, los procesos de investigación-acción reflexiva y creativa (McIntosh, 2010), escuelas de campo, comités de investigación agrícola local – CIALs (Ashby, et al. 2001), desarrollo participativo de tecnologías y otros.
La evidencia sugiere que la construcción del proceso metodológico debe partir de un análisis y reflexión cualitativa acerca del conocimiento ancestral. Esta es una buena oportunidad para trabajar temas de autoestima y empoderamiento local, porque cuando la gente hace conciencia que sus antepasados le legaron una herencia de conocimientos para la producción, se siente identificada con un proceso histórico que debe continuar y que esta generación es responsable por aportar algo al mismo. Sin embargo, éste es solamente el punto de partida, ya que el enfoque metodológico debe empezar a adquirir elementos cuantitativos a fin de iniciar un proceso de “sintonía fina”, que permita establecer con claridad las especificaciones técnicas y protocolos de implementación de las tecnologías ancestrales. Hay que recordar la pérdida de tiempo y esfuerzos que significó la construcción de suka kollus en zonas donde no existía suficiente humedad. Por otro lado, un buen ejemplo de sintonía fina es el diseño y adaptación de los suka kollus “light” o livianos de acuerdo con las restricciones de mano de obra que enfrentan varias familias de productores. En este escenario metodológico, el enfoque bayesiano se perfila como un aporte importante para trabajar profesionalmente la recuperación de los conocimientos ancestrales, porque permite incorporar en la especificación de las hipótesis el conocimiento a priori, que vendría a ser el conocimiento ancestral, en especial aquel que sabemos que funciona bien pero no podemos demostrarlo científicamente.
Los resultados esperados de un proceso de investigación participativa que busca revalorizar profesionalmente los conocimientos ancestrales, reconociendo su calidad de conocimientos dinámicos, adaptables y de enfoque integral, serían al menos estos dos:
a) Acelerar la tasa de innovación agrícola para responder a los desafíos de un entorno rural cada vez más cambiante, del que se ha publicitado el cambio climático, pero que en realidad es más complejo, debido a la profundización de sus relaciones de mercado y la dinámica poblacional vinculada con la migración campo-ciudad.
b) Ampliar la base social de personas involucradas institucionalmente en la innovación, lo que tiene que ver con el reconocimiento explícito de los yapuchiris y de otros productores de vocación, así como de sus organizaciones tradicionales, orientadas a fortalecer los procesos productivos.


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