domingo, 21 de octubre de 2012

¿Ecuatoriano o boliviano?

Me fui a entrenar por la mañana y sin casi percatarme me había colocado una polera con una inscripción en el pecho: “Ecuador”. Después de correr por los jardines del sur me encontré con otro corredor que también tomaba aliento y me preguntó si era ecuatoriano. Le dije que no, bueno que la historia era algo más larga. “-Cuéntamela mientras tomamos una coca cola- “ me dijo. “- Lo que pasa es que mi madre ya es anciana y el otro día se fue a hacer compras a La Ceja, en Altunquirimarca, y sufrió una agresión de parte de unos jóvenes que pasaban por el lugar. Patearon al pasar sus bolsas y desparramaron por el piso las verduras y frutas que había comprado. Llegó llorando a la casa y cuando fui a visitarla por la tarde me contó algo que nunca antes me había dicho-” inicié mi relato. Entonces recordé que me dijo que aquella historia se la había relatado mi bisabuelo en el campo y a su vez a él se la habían transmitido sus antepasados. La historia iba más o menos así: “Antes de la llegada de los españoles a nuestro continente, el Inca había visitado el valle que habitaba nuestra gente. Habíamos decidido servir al Inca y nos comprometimos a cumplir su solicitud, pues en aquella ocasión nos había referido la situación difícil que enfrentaba en la región del sur, por los alrededores del lago, donde habitaban unos pueblos violentos y sanguinarios, que vivían permanentemente enfrentados y que si bien habían aceptado la voluntad del Inca para incorporarlos en la unión política, económica, social y cultural que había emprendido, no confiaba plenamente en ellos. Ya en varias ocasiones se habían amotinado en contra de los guardianes e ingenieros del Inca. Por este motivo, el Inca pidió a nuestro pueblo que le otorgáramos un grupo de hombres fuertes y mujeres fértiles para colonizar un territorio al sur del lago, desde donde colaboraríamos mediante la vivencia cotidiana a constituir y consolidar la unidad de los pueblos, influyendo con nuestra cultura de paz para hacer viable el progreso de la región. De esa manera, nuestros ancianos organizaron al grupo que emprendería el éxodo hacia el sur. Seleccionaron a nuestros mejores ingenieros hidráulicos y agrícolas. Cargaron semillas de maíz, papa, oca, papalisa, olluco y varias hortalizas para producir en su nuevo hogar y emprendieron el éxodo. Se asentaron en el lugar acordado y conformaron un ayllu que empezó a ser muy conocido en la región por el sabor agradable de su maíz, aprendimos la lengua de los pueblos rebeldes para compartir con ellos nuestras creencias y canciones, como había sido el deseo del Inca. Lamentablemente pocos años después, cuando llegaron los españoles, los pueblos de los alrededores traicionaron el plan que habíamos urdido para resistir la invasión y se aliaron a los invasores para derrotarnos. El Inca era sabio al habernos pedido colaboración y probablemente habríamos tenido éxito, de no ser por la invasión de los europeos. Posteriormente, los españoles también los esclavizaron a ellos, pero la traición sufrida quedó en la memoria colectiva de nuestro pueblo. No volvimos a nuestra tierra del norte, con el pasar del tiempo logramos afianzar nuestras costumbres y nuestra lengua quechua en la región. Nuestros hijos se arraigaron en el ayllu. Sin embargo, se nos ha venido transmitiendo de manera oral una misión que debemos cumplir algún día: irradiar una cultura de paz y convivencia con los pueblos que nos rodean y con los que en la actualidad hemos construido una interrelación sólida e inseparable”. Mi madre me dijo mirándome a los ojos: “-Si hijo, nuestros antepasados vinieron del Ecuador por encargo del Inca y nuestra tarea no ha sido cumplida todavía en la actual Bolivia. Tú que eres profesional boliviano, conoces sistemas institucionales y vives la vida moderna, podrías hacer algo para que cese la violencia de las pandillas juveniles y en general, contribuir a que salgamos del caos generalizado y corrupción en que está sumida Altunquirimarca”. - Por este motivo no te puedo decir que no tenga algo de ecuatoriano, pero como nací en Bolivia, me considero boliviano- le dije a mi amigo ocasional, mientras pagaba por la coca cola que habíamos bebido y me despedía. “Cuando llegué al país después de graduarme de agrónomo, pensaba que podría aportar a que los bolivianos vivamos de y seamos reconocidos internacionalmente por nuestros alimentos de calidad agroecológica. Pronto me di cuenta que los profesionales no podemos hacer gran cosa, estamos a merced de los políticos y éstos nos han desplazado a un desempleo aberrante”. Reflexioné mientras volvía a mi casa. También recordé mi proyecto revolucionario juvenil: los profesionales somos portadores de conocimiento pero carecemos de la propiedad de los medios de producción, por eso nos constituimos en el verdadero proletariado del siglo XXI y podemos implementar una revolución en la etapa posterior a la toma del poder. Los políticos son los chacales de la revolución, deberían participar solamente para tomar el poder, porque son buenos para eso y luego pasarnos la posta para construir sistemas institucionales sólidos y hacer realidad el desarrollo económico y social. Lamentablemente a los chacales les gustó el poder y decidieron prescindir de la presencia molesta de los técnicos. Me fui a ver “el rey león” con mi hijo, porque una luz de inspiración me impulsó a analizar mejor lo que ocurría en esta película de Disney durante el reinado de las hienas. Qué bien nos conocen los norteamericanos.

domingo, 22 de julio de 2012

EL DESARROLLO DE ALTUNQUIRIMARCA
En el eterno invierno altunquirimarqués se suele vivir muy cerca del cielo a 4100 metros sobre el nivel del mar y algo alejado de la algazara bullanguera de la vecina ciudad del valle. Descartando el frío, Altunquirimarca es una ciudad habitable, al menos por su topografía plana y ligeramente inclinada hacia el suroeste, con lo que el riesgo de inundaciones y deslizamientos en la temporada de lluvias es muy bajo. Prácticamente todos los altunquirimarqueses poseen una casa con patio, con jardín cultivado o no, pero patio al fin, lo que agrega un componente de calidad de vida a las familias que rara vez se toma en cuenta. El hecho de que exista una población de perros igual o superior a la de personas en Altunquirimarca, no tiene mucha relación con la existencia de patios en las casas, ya que la mayor parte de estos animales vive en la calle para defender el pedazo de acera de sus dueños –muchas veces violentamente, lo que los convierte en un peligro letal para la población-. La tenencia de perros es un fenómeno cultural de origen rural, que evidentemente puede convertirse en una pesadilla de ladridos durante las tranquilas noches altunquirimarquesas, en especial para los vecinos que prefieren el silencio para descansar. Hay algunas personas que viven bien en la ciudad de Altunquirimarca, en el marco de ciertas limitaciones, como la necesidad de desplazarse a la ciudad del valle por libros y algunos alimentos de “segunda necesidad”, prescindibles, por cierto. No existe una sola librería en Altunquirimarca. Está por demás mencionar que la variedad y calidad de los alimentos para cocinar que se encuentra en los mercados altunquirimarqueses es elevada, aspectos que no son tan evidentes al momento de ir a comer a algún local de expendio de comidas. Tal vez ello se deba a la proliferación de locales de comida rápida en el sector comercial de la ciudad, que al haber cooptado a los funcionarios municipales con prebendas, con frecuencia venden alimentos en mal estado, como pollos podridos lavados con lavandina para quitarles el mal olor (señal de la viveza de los altunquirimarqueses). “Fat’s Food” dice un letrero (por fast food) y el error de escritura hace sentido, como lo hacen los errores ortográficos de los alteños al escribir letreros y anuncios en castellano, lo que me hizo dudar en varias ocasiones sobre la pertinencia de la ortografía. En todo caso, si la familia puede dedicar algo de tiempo para cocinar en el hogar, la alimentación del altunquirimarques puede ser de alta calidad nutricional y barata. Poco a poco se van superando los hábitos de consumir un exceso de grasas y alimentos poco balanceados, aunque por el frío, el cuerpo pide y se hace necesario incrementar la cantidad de carbohidratos en la dieta. También existen personas que la pasan mal en Altunquirimarca. Los elevados índices de desempleo para una población económicamente activa con niveles relativamente altos de educación –en especial, licenciados en ciencias de la educación y derecho- pueden ser la combinación perfecta para desatar reacciones violentas que dan salida a frustraciones acumuladas cotidianamente en las calles, en las plazas, en el hogar y en las relaciones sociales en la vecindad. Tal vez por eso, los altunquirimarqueses hallamos refugio en el alcoholismo –una mezcla de cultura ancestral y vicio, al igual que en el resto del país-, en la crítica desmesurada y con frecuencia violenta a las autoridades locales. Algunos altunquirimarqueses también encontramos refugio a nuestras frustraciones en la contemplación de la luna y los atardeceres, que en esta parte del mundo muestran un espectáculo gratuito diario entre las 17 y 19 horas. Hay que mencionar que nunca se observan dos atardeceres iguales, aún en la temporada de lluvias, ni existen muchas otras oportunidades en otras regiones de descubrir una paleta de colores tan variada como poética. Al no encontrar muchas fuentes de ingresos, los altunquirimarqueses tienden a sacrificar consumo para incrementar el ahorro, lo que les permite contar siempre con cierta capacidad de inversión. En la mayor parte de los casos, esa capacidad de inversión es todavía demasiado baja, pero lo importante es destacar la cultura de ahorro de la población, que le puede llevar a aprovechar mejor las pocas oportunidades de capitalizarse para saltar hacia una inversión rentable. Hábiles comerciantes y artesanos, los ciudadanos le han dado identidad económica a la ciudad. Con mayor o menor eficiencia, van diseñando sus planes de negocios de manera intuitiva, observándose un desarrollo cualitativo de las capacidades para consolidar diferentes emprendimientos. Hay evidencia sobre la existencia de redes de cooperación y solidaridad entre algunos grupos de altunquirimarqueses, aparentemente agrupados por comunidades o regiones rurales de origen, observándose una atractiva relación entre la fortaleza de los vínculos y el éxito económico alcanzado, lo que corroboran los estudiosos del capital social. Está claro que estos vínculos de confianza y cooperación no están extendidos a toda la población y tampoco se dan entre todos los indígenas migrantes o criollos de Altunquirimarca, ni “intra-” ni “inter-étnicamente”. Es más, existen también evidencias que muestran rivalidades entre grupos, que a veces los llevan a acciones irracionales, en especial si se asocian a momentos de consumo social de bebidas alcohólicas. En líneas generales, el proyecto económico de los altunquirimarqueses está relativamente definido por sus habitantes. Las condiciones de temperatura y humedad hacen que la ciudad toda tenga un potencial de almacenamiento de bajo costo para alimentos y otros productos, lo que sumado a su infraestructura de carreteras le da un nivel de competitividad inicial interesante para arrancar con el desarrollo de conglomerados industriales. Si bien el almacenamiento de bienes es un buen punto de partida, lo que realmente se percibe como potencialidad de desarrollo económico de largo plazo está asociado a las habilidades manuales e intelectuales con que cuenta la población, que podría irse insertando en procesos de producción industrial a base de entrenamiento, creatividad y productividad derivada del apego al trabajo que exhiben nuestros ciudadanos. En este sentido, el horizonte es tan amplio que puede abarcar desde la producción de software computacional de exportación (los jóvenes altunquirimarqueses muestran un elevado potencial en informática, tal vez porque su estructura mental está asociada al conocimiento de su idioma indígena, considerado de estructura cibernética), la industria de muebles de madera tropical proveniente de bosques certificados, la industrialización de recursos derivados del aprovechamiento sostenible de la biodiversidad (Altunquirimarca está ubicada en un país megadiverso), como medicamentos, alimentos y otros productos, así como el aprovechamiento de recursos naturales no renovables en sectores industriales estratégicos, donde se podría posicionar industrias locales que luego podrían dedicarse intensamente a procesos de sustitución de materiales para mantener su segmento de mercado. Tampoco es descartable de entrada la posibilidad de diversificar el aprovechamiento de los recursos hidrocarburíferos y mineros que abundan en el país, siendo Altunquirimarca uno de los posibles territorios donde establecer este tipo de industrias. La definición de un proyecto político en Altunquirimarca es un tema más complicado que el económico, porque las posiciones se encuentran tensionadas al menos entre tres nodos ideológicos que dificultan la construcción de una identidad política. El primer nodo radica en que las tendencias de retorno a lo ancestral expresado como realización política de la población son tergiversadas con frecuencia, impidiendo un rescate pragmático de lo positivo y valioso, y un aprender a desechar lo supérfluo y negativo de esta herencia ancestral. Un segundo nodo pugna por perfilar un proyecto socialista con posiciones intermedias que van desde el anarquismo hasta la restauración de la dictadura de alguna clase social que no tenga nada que perder, excepto sus cadenas; sin llegar a un acuerdo sobre cuál sería esta clase social: el proletariado (categoría inexistente en Altunquirimarca), los profesionales sin empleo, los gremiales o los vecinos sin techo. El tercer nodo pugna por asumir un proyecto capitalista, aceptando sus reglas del juego para preparar de mejor manera a la población con miras a desencadenar procesos organizativos que la conduzcan hacia una inserción capitalista menos traumática. La salida más probable es que el proyecto político altunquirimarques finalmente se ancle en un punto intermedio entre los tres nodos, en un escenario pluralista y democrático, dando por fin viabilidad política a la principal necesidad del desarrollo: la construcción de una cultura de transparencia entre las autoridades públicas y los diferentes actores de la sociedad civil. Es obvio que quienes se sientan perjudicados por la transparencia se opondrán tenazmente a cualquier avance en este sentido, y en realidad ya lo vienen haciendo desde siempre. La formulación del proyecto económico y político se podría ver como objetivo deseable para el desarrollo de Altunquirimarca. El medio para llegar a consolidarlo está ligado a la forma cómo la sociedad puede llegar a acuerdos y consensos, es decir las herramientas para avanzar deben ser exploradas en los ámbitos social y organizativo. Además el primer paso siempre entra en el plano educativo buscando desarrollar los liderazgos subyacentes en personas representativas de distritos geográficos, sectores, cadenas productivas o grupos corporativos. Sería deseable operar con el desarrollo de liderazgo entre los jóvenes altunquirimarqueses. Es preferible trabajar con jóvenes porque las características fundamentales a consolidar en los líderes para el desarrollo son: honestidad a toda prueba, capacidad de aprendizaje autónomo, actitud ética de análisis y crítica con propuesta, cultura emprendedora en diferentes ámbitos, humildad y compromiso con la gente y su desarrollo. Es necesario destacar que en una primera etapa siempre se debería tender a formar líderes locales, es decir aquellos que sean capaces de articular y facilitar procesos de acción y reflexión en ámbitos más pequeños y manejables. Posteriormente, deberían seleccionarse dentro del conjunto de líderes locales a unos cuantos que se perfilen con potencialidades de propuesta a nivel de toda la ciudad, los que realmente podrían llegar a articular procesos de desarrollo integral y tener capacidad de incidencia en el gobierno municipal y las organizaciones de la sociedad civil. Actualmente existe una diversidad de herramientas de análisis y reflexión para trabajar en la formación de los líderes y para que éstos a su vez organicen acciones con grupos de jóvenes en los espacios locales. Los ámbitos de trabajo experimental de inicio podrían abarcar la gestión ambiental, la organización de redes sociales para la vigilancia en medicina preventiva, la generación de pequeños emprendimientos económicos, la formación política, el desarrollo de expresiones culturales y artísticas, etc. Dependiendo de los intereses específicos de cada grupo, sería posible también articular desde el inicio un proceso de acción-reflexión-propuesta que vaya encontrando sistemáticamente soluciones, propuestas y posiciones de consenso para avanzar hacia el proyecto económico y político de la ciudad. Con un método parecido, poniéndole mucho corazón aunque menos sistemáticamente, hace un cuarto de siglo los jóvenes voluntarios de la Cruzada Nacional de Alfabetización consiguieron reducir dramáticamente la tasa de analfabetismo de Nicaragua. Lo asombroso es que lo lograron en medio año. ¿Será que dándonos un año de trabajo a conciencia podremos reducir la tasa de desempleo y la pobreza de Altunquirimarca? Solamente podremos saberlo si empezamos a hacerlo ahora.

viernes, 17 de febrero de 2012

Bolivia – una potencia exergética

En este artículo se plantea la necesidad de empezar a aprovechar creativamente los recursos del medio ambiente en Bolivia para potenciar el desarrollo.


Como ejemplo, se muestra en la figura una microscopía electrónica por escaneo de un mutante de Alcanivorax borkumensis, bacteria descomponedora de residuos de petróleo. El mutante SK2 de esta bacteria efectúa la sobreproducción de polihidroxialcanoato, un polímero que tiene importantes aplicaciones en medicina para la formación de piel artificial, hilo de sutura, parches cardiovasculares y una infinidad de aplicaciones médicas. Bolivia podría acceder a tecnologías de este tipo si decide emplear creativamente sus recursos de biodiversidad, por ejemplo su riqueza de microorganismos, en su gran mayoría todavía por descubrir.
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Los bolivianos tenemos la dicha de vivir en un país inmensamente rico en recursos naturales. No solamente se trata de la abundancia de hidrocarburos o diferentes minerales, para cuyo aprovechamiento ya contamos con una larga experiencia –con sus propios problemas y desafíos-, también tenemos una dotación enorme de recursos naturales renovables.

El problema principal con los recursos naturales no renovables radica en su dotación finita, es decir que más tarde o más temprano sufrirán un agotamiento total o parcial, dejando de ser una fuente de generación de ingresos. Como alternativa a nuestra tradición de país productor de materias primas se ha planteado la industrialización; sin embargo, si se examina nuestra posición competitiva en el contexto internacional, resulta una tarea muy difícil encontrar rubros industriales en los que exista alguna esperanza de llegar a tener éxito, debido a la intensa competencia entre las industrias. Es necesario aplicar pensamiento lateral a nuestros problemas de desarrollo; la salida no se encuentra en los rubros convencionales sino en encontrar la ventaja comparativa inicial del país con relación al resto del mundo. En este marco, probablemente la verdadera riqueza natural de Bolivia esté asociada a su dotación de recursos naturales renovables y de ciclo. Hasta la actualidad no hemos sido capaces de generar experiencias sólidas de aprovechamiento, pero es evidente que la cantidad y variedad de recursos naturales renovables y de ciclo, nos sitúa en los primeros lugares de las listas mundiales. Somos una potencia planetaria en biodiversidad y agua dulce.

Por lo tanto, ¿no sería una decisión correcta concentrar nuestros esfuerzos en desarrollar este potencial?

La economía ecológica es una disciplina científica que trata de superar la perspectiva economicista del proceso de producción. Estudia la interacción del sistema natural con el sistema económico, poniendo en evidencia el hecho de que los modelos económicos tradicionales ignoran el rol del medio ambiente en la producción. En realidad, la mayor parte de los procesos de aprovechamiento de los recursos naturales bajo un paradigma convencional no ha generado la riqueza que se les atribuye; los países industrializados en general han logrado su bienestar actual mediante la explotación de recursos y la depredación de extensas áreas de los denominados países en desarrollo. Por suerte para nuestro país, la depredación de los recursos naturales renovables que han tenido que soportar los países costeros de Latinoamérica no ha llegado en gran magnitud al nuestro, debido en parte a nuestro enclaustramiento geográfico. Por tradición, nos hemos convertido en proveedor de minerales y otros materiales escasos, pero no fuimos muy interesantes para desarrollar procesos agroindustriales. Por lo tanto, Bolivia se presenta en la actualidad como una potencia exergética.

La exergía es un indicador de la eficiencia energética de un sistema productivo. Este indicador se ha propuesto en la economía ecológica, como una alternativa a medidas económicas más restrictivas, como el costo/beneficio. Se refiere básicamente al potencial de la energía para generar efectos útiles para los seres humanos. Un sistema agrícola en base a un paquete tecnológico vinculado al empleo de agroquímicos, si bien aparenta producir mucho, es deficitario desde un punto de vista exergético, ya que la cantidad de energía que consume es mayor a la energía útil “empaquetada” en la producción. En contraste, un sistema agroecológico o la producción de la agricultura campesina tienden a ser más eficientes debido a que sacan provecho a los procesos naturales de ciclaje de nutrientes, competencia intra e interespecífica y a las relaciones de colaboración entre especies, como la simbiosis. Bolivia es rica en este tipo de sistemas, por cuyo motivo nuestra población está habituada a consumir alimentos de elevada calidad biológica y en una variedad que podría provocar la envidia de la mayor parte de los países industrializados. El problema con nuestra producción alimentaria no reside en la eficiencia energética, sino en la escala y en la escasa articulación de las cadenas productivas. El aumento de escala no significa ampliar la extensión de los monocultivos, ni de pensar mecánicamente en procesos agroindustriales vinculados al empleo de semillas genéticamente modificadas –los cultivos transgénicos-, significa ordenar mejor el uso y la tenencia de la tierra. En el altiplano, el empleo de la tecnología tiwanakota de los suka kollus permitiría producir entre diez a cien veces más que los niveles actuales, pero esto no es viable debido al minifundio; si tan solo las comunidades altiplánicas en las microcuencas se pusieran de acuerdo en restaurar los mecanismos comunitarios de uso de la tierra, la inversión municipal en sistemas de suka kollus en el nivel de microcuencas podría garantizar una elevada producción de alimentos. En los valles y tierras bajas existe una cantidad enorme de posibilidades agroforestales y silvopastoriles para ampliar la escala productiva al estilo boliviano, es decir natural y agroecológico. El mundo empieza a conocernos por estas cualidades y muestra una mayor predisposición de pago por alimentos sanos, exóticos y variados.

La eficiencia exergética de los sistemas productivos bolivianos está vinculada a la posibilidad de producir más valor que cantidad. Es más eficiente en términos económico ecológicos producir frutos exóticos en cincuenta hectáreas, que dedicarlas a la producción de soya transgénica. Al vincular mejor las cadenas productivas, incluyendo proveedores de tecnologías, capacidad de procesamiento postcosecha y focalización en mercados evidentes, se logrará que esa rentabilidad se convierta en mayores ingresos para los productores. Lo más interesante es que la exportación de nutrientes desde esas cincuenta hectáreas se minimizará y los niveles de contaminación se reducirán sustancialmente.

La eficiencia exergética de nuestros sistemas productivos permite prever un proceso de desarrollo de corto plazo (entre dos a tres años). En el mediano y largo plazo, el potencial y las posibilidades se multiplican. El mundo ha vivido desde hace más de veinte años una verdadera revolución científica vinculada a la biotecnología. En nuestro país, las posiciones políticas han reducido la discusión sobre el potencial de la biotecnología a la prohibición del ingreso de semillas de cultivos transgénicos. No obstante, las posibilidades científicas que se abren para alcanzar el “vivir bien” son múltiples. En el marco del respeto a los derechos de la Madre Tierra, sin necesidad de patentar la vida y buscando una distribución equitativa de beneficios, los recursos de la biodiversidad boliviana pueden garantizar el bienestar de las futuras generaciones, generando industrias innovadoras que van a permitir crear empleo de calidad mediante una demanda creciente de técnicos y científicos jóvenes. El ingreso per capita se incrementaría gradualmente por encima de otros países latinoamericanos. La sustentabilidad del aprovechamiento de los recursos y la sostenibilidad institucional pueden asegurarse de manera que nuestro país empiece a vivir realmente bien.

Si ese es el potencial, la pregunta de rigor es ¿por qué razón las autoridades estatales no priorizaron el sector ambiental en el nuevo plan de desarrollo? Una de las causas puede ser que temieron no poder manejar la complejidad de este desafío, entre otras cosas porque resulta difícil visualizar sus resultados. Si otros países latinoamericanos fallaron o experimentaron dificultades para hacerlo, tal vez no consideraron prudente arriesgarse. Sin embargo una explicación plausible para no tomar el riesgo de promover un desarrollo al estilo boliviano, también podría estar vinculada a un fenómeno denominado “parálisis paradigmática” Dado que los decisores de políticas se formaron en universidades que les transmitieron paradigmas, modelos y formas de pensar disciplinarias, difícilmente se saldrán de los moldes convencionales y empezarán a pensar de manera abierta. La parálisis paradigmática es el resultado de recibir una educación superior de tipo conductista, relacionada a la memorización de conceptos antes que a un pensamiento reflexivo centrado en la solución de problemas reales. La actual generación de decisores de políticas públicas en general experimenta esta dificultad y tiene ante sí el desafío de descolonizar sus cerebros, desechar conceptos y prejuicios, empezando a confiar un poco más en su creatividad.


Representación tridimensional de una molécula de ADN. Las posibilidades de la biotecnología para el desarrollo de Bolivia, en el marco del respeto a los Derechos de la Madre Tierra, es enorme y poco conocido por la mayoría de los decisores de políticas públicas.

domingo, 12 de febrero de 2012

Qué hago ahora contigo

Tu despedida prematura me encontró completamente desprevenido. Como un ave previsora me encontraba construyendo hoja a hoja el nido que cobijaría el milagro de nuestra unión expresada en un bebé con tus ojos y mi boca, con tus manos y mis dedos, o con tus dedos y mis uñas; realmente alcanzaríamos la cúspide de nuestro amor al combinar nuestros materiales genéticos dando más vida a la vida. Ese día detesté la lluvia que en parte me impidió verte por última vez, pero luego comprendí que todo era parte de tu plan para abandonarme. Definitivamente no fue culpa de la lluvia. Pero no te juzgo. Simplemente no soy la fruta ambicionada, solo un hombre común con más defectos que virtudes, tal vez un corazón que tiene que cargar con un cuerpo que trata de sobrevivir a sus propias limitaciones físicas y temporales. Quizá no hallabas cómo deshacerte de mi presencia así que decidiste terminar conmigo por medios electrónicos. Llorar a mares tu ausencia, quedarme sin lágrimas y no hallar sentido a mi propia frustración son las consecuencias temporales de tu adiós, sin embargo eso no me preocupa mucho, tarde o temprano me resignaré a disfrutar para mí solo la alegría que tenía reservada en abundancia para calentar nuestra felicidad en las noches de invierno; algo así como el desparpajo de la soledad que relata Benedetti. Lo duro es aprender a vivir con tu fantasma. Se apareció la noche de tu despedida y se posesionó de mis cosas. Con total naturalidad, se metió entre mis sábanas, me disputa el café, suda conmigo en el gimnasio y me pegó un tremendo susto cuando casi se ahoga en la piscina, obligándome a sumergirme para rescatarlo. Ahora mismo, tu fantasma corrige lo que escribo y me avienta golpes si no tomo en cuenta sus ideas. Me obliga a tomar apuntes en una pequeña agenda negra, tal vez el único objeto tangible en este laberinto metafísico. Tu fantasma pretende ser mi consuelo, hoy empecé a hablarle y me di cuenta que habla rápido como tú misma, y empieza a desplegar aquella magia que nos envolvía como una cinta morada cuando estábamos juntos ¿Qué hago ahora contigo? Es decir, con tu fantasma.

domingo, 30 de octubre de 2011

Búsqueda

Planeo partir al alba para exponer mis ropas raídas a nuevos horizontes, buscando como siempre el aroma y quizás el sabor de la fruta mágica, con la que soñé hace muchos años una noche que expuse mi rostro ante un millón de estrellas del firmamento del altiplano. A veces siento que me acerco a ella, y mi corazón da un vuelco al presentirla, otras veces el fuego se consume en una espera interminable. El tiempo pasa, las partidas se suceden una tras otra y quizás al atesorar miradas de bienvenida y de despedida, canciones cariñosas y al atisbar sentimientos de amor profundo, empiezo a sospechar que la fruta mágica es una utopía dulce que prospera en los suelos fértiles de un país lejano, todavía por descubrir. La fruta mágica tiene que ser parte y producto de una biodiversidad exuberante, y es probable que para encontrarla deba retornar a mis orígenes, a ese país lejano, todavía no descubierto por el mundo, que abandoné para ir a buscarla. Volver al punto de partida, a ese país complejo y diverso, quizás para verificar que la fruta mágica estuvo siempre esperando por mí en el jardín de mi casa.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Descarga con candela

Uno de los mayores placeres que encuentro en la vida es bailar salsa. Al ritmo de este ritual melodioso de apareamiento, que no concluye necesariamente en ello -pero puede propiciarlo, se da rienda suelta a las fantasías de la vida, colocando en pareja los cinco pares de sentidos en actividad coordinada para empujar los músculos de los pies, piernas, caderas y abdomen hacia una especie de cadencias rítmicas, como las que construyen los poetas con las palabras. Solamente los latinoamericanos somos capaces de expresar y desplegar su belleza en giros, abrazos, roces, besos apenas perceptibles y movimientos eróticos explícitos o disimulados, con la viveza latina que tiene mucho de la fuerza del oleaje del mar, al menos en este caso. Salsa mestiza entre indígena, española y africana, con matices árabes, toques de rumba y flamenco; mi corazón late con fuerza al sentir el redoble de las tamboras del Grupo Niche, el trombón de Willy Colón y la sabiduría de la voz de Rubén Blades. La pasión del trabuco de Manolito y las notas clásicas, casi sinfónicas de Irakere, me hacen pensar en Cuba como la versión bonita del paraíso prometido. En fin, es tiempo de respirar profundamente, mirarla directamente a los ojos, rodear su cintura con una mano y rozar sus dedos con la otra, sonreír con alegría y empezar a improvisar no se si llevándola o dejándose llevar por ella.

viernes, 15 de julio de 2011

LA GESTION DE LA INFORMACION AGROPECUARIA

Un supuesto clásico afirma que el cambio tecnológico en el sector agropecuario de Bolivia será impulsado por la investigación. Sin embargo, desde hace más de medio siglo, el país ha desplegado enormes esfuerzos en la implementación de sistemas de investigación agropecuaria, a veces con enfoques innovadores como en el caso del SIBTA(Sistema Boliviano de Tecnologías Agropecuarias), pero en general con resultados pobres en cuanto a mejoras de la productividad. Por su parte, las carreras agropecuarias de las universidades del país han generado una importante base de información mediante la elaboración de tesis de grado. Sin embargo esta información se encuentra dispersa, a pesar de que recientemente se ha elaborado una base de datos que ya está a disposición de los usuarios en el IICA (Instituto Interamericano de cooperación para la Agricultura). Un vistazo exploratorio de esta base de datos permite apreciar un comportamiento caótico de la investigación realizada, dejando ver que las universidades públicas o carecen de políticas de investigación, o que si las tienen no responden a necesidades estratégicas, sino a coyunturas. En esa lógica, se puede aventurar la hipótesis que las próximas tesis de grado van a estar focalizadas en los diferentes efectos agropecuarios del cambio climático y que temas de importancia estratégica, como las aplicaciones de la biotecnología al estudio de la agrobiodiversidad boliviana, se van a debilitar aún más.

Si ese es el panorama de la investigación, la figura empeora al observar la parte que corresponde a la aplicación del conocimiento generado por la investigación en los procesos de producción. La conclusión inmediata es que en el país persisten sistemas productivos arcaicos y que la innovación en ellos responde en un 70% a la innovación local realizada por los mismos productores y un 30% a las tecnologías introducidas por las diferentes empresas de provisión de insumos, que a su vez sacan ventaja del denominado “efecto de desborde tecnológico”, mediante el cual los productores bolivianos se benefician de los resultados obtenidos en investigaciones de otros países. Un ejemplo de este efecto es el uso de alfalfa de la variedad “ranger” en el altiplano, aprovechando investigación realizada y financiada por los norteamericanos; ahora que la producción de esta variedad ha sido discontinuada en los Estados Unidos, los productores lecheros del altiplano han enfrentado una crisis de producción forrajera que todavía no ha sido completamente resuelta. La presencia del sector público en la dotación de tecnologías y resultados de investigaciones que tengan aplicabilidad práctica para los agricultores bolivianos es virtualmente inexistente y peor aún, carece de una perspectiva estratégica orientada a promover un cambio tecnológico gradual para construir las bases de la soberanía alimentaria nacional en base a los sistemas productivos que ya están funcionando.

¿Cómo avanzar?

Una primera constatación empírica radica en que no vale la pena seguir apostando a la conformación de un sistema nacional de investigación en el corto plazo. Si los tomadores de decisiones toman las decisiones correctas, este sistema se irá afianzando gradualmente y tal vez empiece a rendir frutos en el mediano y largo plazo, pero no de inmediato.

La segunda constatación –también empírica- es que existe una cantidad enorme de información y hasta bases de conocimientos, que podrían aprovechar los productores para mejorar su productividad y empezar a implementar sistemas agroecológicos.

La gran dificultad con esta información es que se encuentra depositada en diferentes fuentes, algunas de ellas poco accesibles, impidiendo su acceso a los productores que la necesitan. Una variable adicional reside en las características de la interculturalidad boliviana, no todos los productores saben castellano a un nivel adecuado para comprender las especificaciones técnicas del conocimiento disponible. Más aún, la información de mayor valor se encuentra en inglés por la sencilla razón de que los investigadores agropecuarios del mundo han adoptado esta lengua para intercambiar sus conocimientos. Dentro del país, la existencia de varias lenguas y culturas en la actualidad se constituye en una barrera de comunicación, impidiendo la difusión natural de conocimiento útil entre productores pertenecientes a diferentes grupos étnicos, portadores de diferentes lenguas y por lo tanto, cosmovisiones. Sin embargo, se puede afirmar que existen conglomerados de innovación y conocimientos en muchas comunidades rurales del país. Este conocimiento tiene una riqueza y utilidad excepcional para mejorar la producción de alimentos, pero no se difunde por la sencilla razón de que nadie se ha puesto en contacto con estos productores innovadores, no se ha sistematizado su experiencia y no se ha elaborado un protocolo de adaptación y aplicación de estos conocimientos, considerando que es necesario difundirlos en diferentes condiciones agroecológicas

Por lo analizado hasta acá, queda claro que en lugar de concentrar los esfuerzos y recursos solamente en la investigación, necesitamos resolver en el país también la gestión de la información y del conocimiento, de manera que los productores tengan a la mano el conocimiento necesario para mejorar su toma de decisiones a la hora en que necesitan definir qué sembrar, donde sembrar, cuándo sembrar y con qué arreglo tecnológico. Este es el camino para ir avanzando gradualmente hacia una agricultura tecnificada. Es importante mencionar que no importa tanto la escala de la agricultura, esta puede ser de pequeña escala siempre y cuando genere suficiente rentabilidad para las familias de los productores. Lo que sí resulta clave es que las decisiones técnicas a tomar consideren con la mayor seriedad posible las condiciones de sostenibilidad. Por lo tanto, aplicar un enfoque agroecológico es imperativo y de mayor importancia que la escala de la producción. Más que cantidad, el productor debe buscar la producción de valor y calidad biológica, condición necesaria de la soberanía alimentaria. De esta manera, se busca que el productor maximice su rentabilidad, minimizando las exportaciones de nutrientes fuera de la finca. Los pequeños productores agropecuarios que se encuentran ante el dilema del minifundio, pueden encontrar todavía un menú interesante de alternativas tecnológicas para producir y ser rentables (solo a manera de ejemplo, la producción tecnificada de champiñones no requiere demasiado espacio y es una actividad rentable). Si acordamos que estos objetivos están en línea con las aspiraciones de los productores del país, un aporte de parte del sector público que podría impulsar la consolidación de la soberanía alimentaria nacional, radica en implementar una estructura racional de gestión de información productiva con salidas acordes con las características de los diferentes pueblos del país, en los momentos oportunos y en función a una estrategia nacional que busque impulsar la implementación de sistemas agroecológicos. Para apoyar esto existen experiencias valiosas de uso de las actuales tecnologías de información y comunicación - TICs, cuyo acceso y uso está bastante difundido entre los productores bolivianos.

¿Cómo sería este sistema de información agropecuaria?

La gestión de la información agropecuaria consiste en: 1. Una etapa de campo para acopiarla. 2. Una etapa de gabinete para organizarla. 3. Una etapa de campo para validarla. 4. Otra etapa de campo para difundirla y acopiar nuevos hallazgos. En la etapa de gabinete es necesario integrar en una sola base lógica la información acopiada en diferentes fuentes con diferentes formatos. La información duplicada puede removerse fácilmente y la información incompleta puede ser categorizada según niveles de certidumbre. Una acción importante y de elevado impacto es la modelación matemática y simulación a partir de la información disponible para multiplicar en el espacio información que ha sido acopiada en un solo punto (parcela de producción). Las etapas de campo se pueden implementar de manera muy sencilla aplicando diferentes metodologías de investigación y desarrollo participativo.

Es tan simple poner en funcionamiento y operar una base de datos de información agropecuaria, que el público debe preguntarse por qué razón nunca se intentó hacerlo. Una de las posibles explicaciones es que sin el desarrollo tecnológico actual, era poco viable social y económicamente. Hoy como nunca es posible contar con bases de datos relativamente sencillas y de bajo costo, que integran plataformas de información cualitativa, cuantitativa, gráfica, geográfica (o georeferenciada), además pueden colocarse directamente en línea. Se puede desarrollar una cantidad de aplicaciones para las salidas de información, vía telefonía celular, radio, televisión, telecentros rurales y aprovechando las estructuras organizativas existentes en las comunidades de productores rurales. Los líderes productivos locales o “yapuchiris” como se denominan en el altiplano, pueden ser un brazo operativo valioso para la difusión de la información.