jueves, 16 de diciembre de 2010

Las dimensiones del problema de los chaqueos

Foto satelital de los chaqueos en Bolivia. Fuente: http://earthobservatory.nasa.gov/, fecha: 16 de agosto de 2010

Tal vez el principal problema que provocan en el corto plazo los chaqueos o sistemas de cultivo que involucran la quema de vegetación radique en la modificación del ciclo hidrológico en las cuencas altas que poseen glaciares. En La Paz, la intensa humareda de los chaqueos que se sumó durante un par de meses a la que cotidianamente provoca el parque automotor a diesel tiene dos efectos inmediatos: la modificación del albedo de los glaciares, con lo que absorben más radiación solar y se descongelan con mayor rapidez. Por otro lado, se puede presumir que la contaminación del aire de la ciudad de La Paz genera un efecto invernadero localizado que también afecta la temperatura promedio en los glaciares. El efecto de estos fenómenos es que las fuentes de agua potable de La Paz están cada vez en mayor riesgo. Los efectos de largo plazo de los chaqueos son un tanto más preocupantes. Si bien Bolivia no es considerada formalmente un país megadiverso, es decir un país que alberga gran cantidad de recursos de biodiversidad, es tomada en cuenta en tratados internacionales como un país megadiverso afín, lo que equivale a decir que su riqueza en especies es importante y requiere ser conservada o manejada adecuadamente para el beneficio de la humanidad. Probablemente, el considerar o no a Bolivia como país megadiverso tiene que ver con la poca información disponible en el país acerca de sus recursos de biodiversidad. Se conoce más sobre mamíferos, aves, reptiles y flora que sobre microorganismos o invertebrados. Prácticamente ninguna entidad nacional tiene claridad sobre el significado de los protistas bolivianos para el bienestar de la población, aunque se puede aventurar la hipótesis de que éstos representan un potencial económico que supera con creces al de los hidrocarburos y la minería juntos. Como no se conocen, no existe ninguna preocupación acerca de su aprovechamiento; por lo tanto, se los quema y se destruye sus hábitat, principalmente en el suelo. Aparentemente ya existen colecciones de protistas bolivianos fuera del país, así que su extinción en Bolivia no debería preocupar a otros países que seguramente ya están aprovechándolos en sus industrias farmacéutica, alimentaria y de agricultura ecológica.

¿Estará el país condenado a desaprovechar todo el tiempo los dones de su naturaleza pródiga? Tal vez la maldición de los recursos naturales en el país tiene una representación menos etérea. Es la manera particular en que se acostumbra practicar política en el país. Si la variable política interfiere con decisiones técnicas, se produce una especie de cortocircuito dando como resultado una banalización de las acciones requeridas. Cuando no existía presión de uso sobre el bosque amazónico, la práctica de chaqueo era una alternativa ecológica adecuada y practicada ancestralmente por las poblaciones locales. La quema de la vegetación libera nutrientes solubles que son aprovechados por el cultivo en parches pequeños dentro de la masa boscosa; en el caso de los pastos, la quema elimina los pastos groseros y permite el rebrote de tejidos más tiernos, más apetecidos por el ganado. Al igual que muchos otros problemas ambientales, la sostenibilidad de la técnica del chaqueo depende de la escala. Poco es bueno, pero su exceso intoxica a la naturaleza, haciendo necesario buscar alternativas tecnológicas adecuadas a la escala masiva de aprovechamiento de la tierra. Esto provoca dos desafíos institucionales: (a) masificar el empleo de tecnologías ya disponibles y (b) crear nuevas tecnologías a medida de las necesidades.

Masificar el uso de tecnologías existentes

Un elemento clave para empezar a visualizar soluciones a la problemática tiene que ver con el conocimiento o la gestión de conocimientos. Conocimiento para el manejo de los recursos naturales es la capacidad de las personas de identificar problemas, patrones cíclicos y oportunidades de acción, es el entendimiento de los fenómenos y sus consecuencias, así como el marco teórico, supuestos, definiciones y valores que engloba y a veces lo respalda. Con sus propias características, este conocimiento está presente entre los productores y el personal técnico externo, pero con frecuencia no logran establecer una comunicación adecuada. Probablemente esto se debe a las diferentes formas de entender problemas similares entre productores con conocimiento local y técnicos con conocimiento formalizado. Las ciencias biofísicas formales o convencionales generan y expanden su fuente de conocimiento a través del empleo del método científico, que básicamente consiste en la prueba de hipótesis aplicando análisis estadísticos, los resultados son sometidos a revisión de pares para asegurar su rigor y transparencia, ingresando luego en un sistema académico complejo soportado por capital intelectual, financiero y político en los diferentes países desarrollados, lo que les garantiza una posición de poder de unos frente a otros. Los representantes o portadores de una parte de este conocimiento formal –su segmento general- en los países en desarrollo son las universidades e institutos de investigación que a su vez lo aplican en la formación de nuevos profesionales. En este contexto, el conocimiento local de comunidades y familias en los países en desarrollo aparece como un elemento marginal. Gracias a los esfuerzos de la cooperación internacional en Bolivia, ahora se considera que este conocimiento podría contribuir a enriquecer y complementar la base dominante del conocimiento biofísico formal también en nuestro país. Para los practicantes del desarrollo rural, los argumentos de equidad, justicia y eficiencia podrían resultar suficientes para justificar que los productores rurales no solamente definan su problemática, sino que se involucren en la creación e implementación de soluciones viables. Debido a las fallas de comunicación, aún cuando las comunidades rurales pueden considerarse expertas en las características de su medio ambiente y cuentan con un conocimiento agroecológico preciso para atender sus necesidades, lo expresan en formatos o circunstancias que dificultan y frustran el diálogo con los científicos convencionales, a pesar del interés puesto por ambas partes. El conocimiento local puede estar disperso entre varios productores o estar vinculado a momentos específicos del ciclo productivo. Por este motivo, la documentación, registro y codificación del conocimiento local es una tarea compleja que requiere apertura, creatividad y frecuentemente la ruptura de paradigmas previos. La validación científica del conocimiento local a veces choca con su carácter holístico y su incrustación con otros aspectos de la vida de los productores, dificultando el establecimiento de un marco conceptual apropiado para la validación. Por lo anterior existe el riesgo de trivializar y marginalizar el conocimiento local. No menos importante es la dimensión ética derivada de extraer conocimientos locales de su contexto, peor si se los presenta sin la participación de sus autores legítimos. Si se identifica el conocimiento local con el conocimiento indígena o con el conocimiento ancestral, también se corre el riesgo de que esta connotación origine otros dos sesgos contrapuestos: considerar románticamente este conocimiento como una panacea para resolver la problemática actual por un lado, o desecharlo por considerarlo a-histórico por el otro. Esto nos lleva a afirmar que el conocimiento está asociado con las posiciones de poder de sus portadores. Bordieu diría que la posición de los actores más poderosos respecto a que su conocimiento es global o universal, está vinculado al poder simbólico que exhiben, un poder que determina la validez y legitimidad del conocimiento, en la medida que refuerza su posición de poder. Este poder simbólico, junto al poder político y económico de los grupos sociales dominantes permite generar un sentimiento de naturalidad en el orden político establecido. En la práctica, esta posición política reduce el conocimiento local al reconocimiento de las destrezas de los productores, es decir lo reduce a su dimensión utilitaria con componentes cuantificables en el ámbito biofísico, dejando de lado su conciencia y cosmología. Cuando el rol asignado al conocimiento local es definido por agentes externos de desarrollo –ya sea por un exceso de compromiso, o para servir a intereses vinculados a modelos económicos o científicos- y no por los productores, estos conocimientos se subordinan al programa externo, pudiendo perder validez para el programa, aunque no para los productores. Por ejemplo, un programa de desarrollo podría afirmar que los bioindicadores que observan los productores ya no funcionan frente a un supuesto cambio climático. Surge la duda acerca de la pérdida real de validez de los bioindicadores frente a una posición de poder del programa para conseguir mayor equipamiento meteorológico de parte de sus financiadores.

Crear nuevas tecnologías a la medida de las necesidades

La innovación es el medio por el que una invención, idea o concepto nuevo se convierte en un proceso real, producto o mejora que da lugar a un incremento de la cantidad, calidad o sostenibilidad de la producción. Se sabe que la mayor parte del conocimiento necesario para la innovación ya existe y está disponible como bien público para proceder con la innovación. Esto ocurre con total naturalidad en el sector industrial y de servicios, pero tiende a experimentar restricciones en el sector de producción agropecuaria y forestal. La tasa de innovación rural depende fundamentalmente de aplicar los siguientes factores:

-          Implementar un proceso de investigación de alto rendimiento. Las universidades bolivianas en su mayoría carecen de políticas de investigación agropecuaria coherentes con las necesidades de los productores y por lo tanto tienden a reaccionar a coyunturas. Probablemente hoy más que nunca existen posibilidades de operar desde un enfoque agro-informático, es decir incorporar las nuevas tecnologías de información y comunicación, así como el software de soporte en la construcción de bases de datos, modelaciones y simulaciones productivas que permitan enfocar la problemática rural desde un punto de vista integral, aplicando ya sea el enfoque de sistemas de producción, manejo integral de recursos naturales o en el caso de zonas desaventajadas, el enfoque de gestión del riesgo agrícola. La simulación y modelación de procesos biofísicos asociados a rubros productivos de interés permiten establecer una conexión con modelos espacialmente distribuidos, lo que posibilita interpolar y hasta extrapolar los resultados de investigación a nivel de microcuencas hidrográficas, lo que significa un avance debido a la imposibilidad de implementar ensayos de campo para todas las condiciones agroecológicas posibles.
-          Innovar trabajando en equipo con los productores a través de una comunicación horizontal y abierta. Si hay una característica que comparten los buenos investigadores, sean productores rurales o científicos, es una actitud reflexiva, crítica, abierta al cambio y creativa. Hay que compartir información, fomentar las ganas de compartirla y proveer los medios para hacerlo. La información debe dejar de ser una fuente de poder y convertirse en una base de datos sólida de los equipos de investigadores. Es necesario democratizar el acceso a la información científica, ésta debe estar al alcance de todas las personas que la necesiten y debe tener la calidad necesaria para tomar buenas decisiones.
-          Tener objetivos claros, visión compartida y liderazgo estratégico es una condición similar para programas de innovación como lo es para cualquier emprendimiento organizado. Es necesario visualizar la investigación requerida en el largo plazo y las innovaciones a emprender en el corto plazo.
-          Vincularse fuertemente con los mercados y consumidores. Hay que construir oportunidades a partir del conocimiento profundo de la dinámica de la población urbana, de sus gustos y preferencias y de su evolución dinámica para establecer las estrategias que garanticen precios competitivos, calidad y cantidad de alimentos en los plazos oportunos y de acuerdo con las necesidades de la población consumidora. Conocer los gustos, cultura y capacidad de pago de la población urbana es uno de los insumos de información de mayor relevancia para la innovación agropecuaria y forestal.

Para organizar el proceso de innovación se debe establecer un arreglo organizacional que vincule adecuadamente prácticas de manejo y administración. Los operadores o facilitadores técnicos deben ser altamente autónomos, es decir el sistema de innovación tiene las características ideales para implementar una gestión del talento humano a través del coaching. Por último, hay que concatenar y articular competencias multidisciplinarias en tanto se empieza a construir capacidades transdisciplinarias. También entre profesionales convencionales existen tensiones, esta vez disciplinarias, a las que también se aplica el concepto de poder simbólico bourdiano.

A manera de conclusión

La tarea pendiente no es tanto sistematizar el conocimiento local como establecer proyectos, acciones y estrategias para reducir la distancia epistemológica y comunicacional entre los productores y los científicos, considerando su interés mutuo en temas y problemáticas similares. Para superar las dicotomías simplistas y restrictivas sobre el conocimiento local y global, indígena y científico, ancestral y moderno, se requiere la aplicación de metodologías que faciliten una comunicación efectiva. Existen muchas propuestas metodológicas que ayudan pero ninguna es perfecta. La aplicación de una u otra metodología per se no asegura que se incluya efectivamente a todos los actores en la toma de decisiones. Se requiere la participación de facilitadores que cumplan dos roles al mismo tiempo: facilitación metodológica para la participación de los actores y acceso a información con un conocimiento profundo de la problemática, para aportar con información actualizada en los momentos oportunos.

Se precisa emprender un proceso de aprendizaje adaptativo entre productores e investigadores formales para crear y compartir un conocimiento especializado y dinámico que permita dar solución a los diferentes problemas técnicos y socioculturales que provocan la decisión de quemar la vegetación. Cambiar gradualmente las prácticas de quema por prácticas de agricultura ecológica es una solución estable, sostenible y de largo aliento. No menos importante es acompañar este trabajo con un fortalecimiento de la normativa, básicamente pedir a los productores demostrar la función económica, social y ecológica que proponen para el uso de la tierra antes de obtener el derecho de uso.

Impactos ambientales de los chaqueos:

-          El fuego afecta la capacidad de los bosques de retener agua. Sin capacidad hidrológica plena en estos bosques, las inundaciones y períodos de sequía se exacerban.
-          Los sitios quemados empiezan a sufrir un proceso de erosión de suelos cuya intensidad depende de la pendiente del terreno.
-          En los bosques húmedos, gran parte de la precipitación está vinculada a la evapotranspiración de la cubierta vegetal. La quema de estos bosques disminuye la tasa anual de precipitación.
-          La quema disminuye las poblaciones de insectos, mamíferos, reptiles y aves. Varias especies de insectos, en especial las que habitan en la hojarasca son erradicadas. Incluso los animales que logran escapar de las llamas son afectados por la escasez de alimentos, y los requerimientos de territorialidad y abrigo que se produce después de la quema, haciéndolos más vulnerables a la depredación o disminuyendo sus tasas de reproducción.